jueves, 16 de enero de 2014

‘El cine no es arte, es un negocio’

Así lo afirma Dov Simens, que va por el mundo dictando su taller de cine.


Dov Simens se ha convertido en un ‘gurú’ sobre cómo rodar, producir, dirigir, financiar, comercializar y distribuir películas de manera práctica.
A sus talleres han asistido personajes de la talla de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez.
El cine no es un arte, es un negocio. Esa es la premisa, con carácter perentorio, que trata de enseña Dov Simens a todos aquellos que en cualquier parte del mundo toman su seminario de dos días sobre cine. Por eso estuvo en Bogotá.

Él, un economista que soñó con hacer sus propias películas –y de hecho hizo un par–, no se desgasta en las teorías sobre cómo hacer cine.
Su preocupación es cómo venderlo, pues ha estado en las dos situaciones.
Simens conoce el proceso total de hacer una película, desde escribir un guión hasta buscar productores y actores, por eso afirma que aprendió a hacer filmes desde la realidad y no desde la teoría.
Su primera producción, The Final Hour, le costó 12.000 dólares, participó en festivales, recibió premios, pero nunca pudo venderla.
Luego trabajó con Roger Corman, el rey del cine B (películas de bajo presupuesto), con quien aprendió los secretos del negocio.
Ahora se la pasa por el mundo contándolos, así como en los salones de clase de las universidades.
¿Cómo hacer que los inversionistas se interesen en el cine?
Para empezar, hay que hacer películas que tengan que ver con la felicidad, no con la violencia. Escogería una canción popular, que esté sonando mucho y escribiría un guión, o una obra de teatro local que haya sido exitosa, o una noticia de la que la gente esté hablando, por curiosa y/o simpática.
Buscaría los dos mejores actores del país, mejor si son rivales o se sabe que no se llevan bien y tal vez invitaría a algún actor famoso de México u otro país que sea popular en Colombia.
¿Y cómo lograr que suelten la plata?
Hay que llegar ofreciéndoles un negocio, con ellos hay que hablar de dinero y de cifras, no de arte. Por ejemplo, teniendo en cuenta que, según estadísticas, una o dos personas de cada cien van al cine, y que en Colombia una producción la ven unas 400.000 personas que pagan en promedio 6 dólares por un tiquete, esa producción recoge 2’400.000 dólares.
Los teatros se quedan con el 50 por ciento de las ganancias.
Del 50 por ciento restante, 200 mil dólares son para el director y los demás; queda un millón de dólares. Con base en estas estadísticas, iría donde un inversionista y le pediría 500.000 dólares.
Con eso puedo comprar los derechos de un libro o canción, tengo para cinco días de rodaje, una buena cámara y para contratar los dos buenos actores.
¿Y dónde está el retorno para los inversionistas?
Se le ofrecen tres cosas. Uno, se les garantiza el 50 por ciento de las ganancias, con base en esas estadística. Lo que no puedo asegurar es el éxito.
Dos, me comprometo a que el primer dinero que llegue por taquilla es para él o ellos. No se pueden garantizar ganancias, pero si las hay, son los primeros en recibirlas.
Y tercero, darles el 20 por ciento de los intereses sobre el dinero invertido. Si fueron 500.000 dólares y se hace un millón, se le retorna esa suma y el 20 por ciento sobre esos 500 mil. De lo que quede en ganancias es mitad y mitad. Eso es lo justo para todos.
¿Y cómo lograr ganancias, sobre todo en un país con un mercado pequeño y que poco gusta del cine nacional?
Como dije, hay que buscar historias de felicidad. Y segundo, las ganancias no están en la taquilla. Si sólo una o dos personas van al teatro hay que acudir a esas 98 que no vieron la película.
A ellas hay que llegar con el DVD y los nuevos formatos.
También hay que buscar nuevos canales de distribución: on demand, la televisión por suscripción, Internet, aerolíneas, hoteles, etc.
En esto es fundamental luchar contra la piratería.
Luego está la importancia de la publicidad y el mercadeo. Ahí hay que invertir mucho, hay que estar en el show business.
¿Y hay que ir a los festivales?
Sólo a aquellos donde hay agentes de compra de película como Sundance, Cannes, Tribeca. Ellos no vienen al Festival de Bogotá o al de Cartagena.
UN CUENTO BIEN CONTADO
Dov Simens dicta su seminario en 25 lugares del mundo al año, y, según él, este tiene una tasa de éxito del 3 por ciento: 3 de cada 100 de sus estudiantes rueda una película en los seis meses siguientes de haber tomado el curso.
Ha sido profesor de directores como Quentin Tarantino (‘Pulp Fiction’ y ‘ Kill Bill’), Robert Rodríguez (‘El Mariachi’), Spike Lee (‘Malcom X’), y de actores como Will Smith y George Clooney.

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